Quintana deja un puñado de arena de la playa de Carboneras en los campos históricos del rugby

Fue caer al suelo el chaval más grande y fuerte de su pandilla y estallar en la cabeza de Antonio Cayuela la vena rugbier. Acababa de hacer su primer placaje, y se dio cuenta de que el que había caído placado de verdad era él mismo ante el poderoso influjo del balón oval. Un cuarto de siglo de esfuerzo y dedicación, de estilo de vida está teniendo su recompensa no solo por jugar en División de Honor B, sino por sentir el orgullo de todo lo que ha crecido su club. El ‘pilar’ de URA, en el más amplio sentido, sigue mirando al frente.

Domingo, día 6 de marzo, algo pasadas las dos y media de la tarde. A un bar de las inmediaciones del ‘Emilio Campra’ entra un hombre luciendo el chándal de Unión Rugby Almería. Todos los parroquianos del lugar se giran e inician una gran ovación al verlo. Era Quintana después de haber vencido a Olímpico de Pozuelo, siendo recibido entre aplausos y vítores. Una hora antes un millar de personas había animado desde la grada del estadio, y el ambiente rugbier se apoderó después de todo el barrio: “saludé a mucha gente que ni conocía”. Esto es deporte sin aditivos.

Antonio Cayuela (Carboneras, 11 de noviembre de 1977), es de los ‘Quintana’ de toda la vida, el mote con el que se conoce a su familia en el ‘pueblecico’ y además su nombre deportivo durante toda su carrera. El otrora capitán del equipo aceptó el rol de liderazgo mental de un grupo muy joven: “me siento muy querido y respetado por ellos, chavales de mi club a los que he visto entrenar desde muy pequeños”. Una vez pasada su “mejor etapa física” –cuando era medio apertura- le corresponde otro puesto “de mucho sacrificio y en el que hay que hacer valer la veteranía”. Silencio, habla el pilar.

En todo caso, está claro que “para jugar en División de Honor B hay que estar bien” y se tiene que hacer a la perfección la misión encomendada: “aquí cada uno tiene su papel, tenemos un pichichi que hace los puntos, y jugadores que pelean los balones para que otros anoten”. Después de tanto luchar, “buscando gente para completar alineaciones e incluso descendiendo de categoría al equipo por no tener fichas”, no le cabe otra que quedarse con la recta final: “el rugby de Almería ha pasado por momentos duros, pero ahora el club está en pleno crecimiento”.

De hecho, nunca pensó llegar a lo que se está viviendo ahora: “si me lo dicen hace seis o siete años, que estuve a punto de dejarlo, no me lo creo”. Es un sentimiento, como dice la canción de URA, y vivencias para la historia de las que se alimentarán las nuevas generaciones: “vernos en Madrid ganando a Arquitectura, que para mi es el Real Madrid del rugby, plantarme allí con un equipo de chavales jóvenes de mi club… es un sueño y lo estoy disfrutando de una manera muy especial con 38 años, ya que estas cosas se aprecian mucho más como veterano”.

Trayectoria

La culpa de todo la tiene Rafa Rodríguez, que en el verano del 91 tuvo la feliz idea de llevar un balón oval a la playa de Carboneras. Esa forma geométrica hecha pelota se cruzó en la vida de Quintana, que pasó de la arena de su pueblo directamente al Estadio de la Juventud, el primer campo que pisó, y todo seguido al de “La Cartuja con 13 años en unos Juegos Deportivos”. La escuela carbonera era de gran nivel y tenía unas bases muy sólidas: “a mi me dijeron que el rugby era una forma de hacer amigos, es una filosofía de vida, una manera de pensar, de afrontar los problemas”.

Supo desde siempre que no le iba a dar de comer, pero eso es lo de menos cuando son otras tantas cosas importantes las que este deporte proporciona: “a mi me lo ha dado todo y lo que soy se lo debo al rugby”. Este licenciado en Administración y Dirección de Empresas reconoce que si tiene una carrera universitaria es por su deporte: “la vida la pienso en rugby”. De una pandilla de amigos divirtiéndose en la playa salió el joven Quintana vinculado para siempre al XV tras haber pasado por el fútbol, el baloncesto y el balonmano, así hasta los 25 años actuales de ejercicio.

Le ha puesto dinero, o mejor dicho, ha invertido en rugby para obtener un gran rendimiento, eso analizado como especialista en el mundo empresarial. Ahora es jefe de sección de materiales de construcción en Leroy Merlin, una empresa que sabe valorar que aparezca la palabra ‘rugbier’ en un currículum: “se valora positivamente porque lleva intrínsecamente una serie de valores buenos para el ámbito laboral”. Deporte técnico que “es para inteligentes”, tiene de especial “el respeto hacia el rival, el árbitro y el público, alejado del lucimiento personal, para el que lo primero es el equipo”.

El suyo, Unión Rugby Almería, está lanzado pero Quintana pone la cordura y recuerda que no hay nada hecho: “tocamos fondo el día que perdimos contra CAU, y cuando lo vimos todo perdido después de partido nos juntamos y nos miramos a la cara y todo cambió”. Se perdió contra Liceo después, pero esa no era la guerra pese a que se compitió de un modo ya diferente, “y ahora van cinco victorias, pero quedan tres guerras que afrontar”. Suya es la palabra y todos escuchan: “salir al campo con sangre en los ojos, no queda otra, no nos han regalado nada en esta categoría y hay que defenderla con uñas y dientes”.

El futuro

Desde que sus padres le decían “que si estaba loco”, temerosos de que se hiciera daño, la vida deportiva de Quintana ha sido un ejemplo de humildad que ahora luce al hablar de los refuerzos extranjeros: “aprendemos continuamente de ellos, nos han subido el nivel y sobre todo va a ser un trabajo que va a quedarse aquí”. El ejemplo se produce durante la entrevista: “Royal (Mwale) está con el equipo sub-18”. Reconoce que los fichajes les han hecho “ver esto de otra manera y han subido la moral”. Sin más, alecciona: “somos un equipo importante y si tenemos que tirar de fuera tenemos recursos”.

Tras robarle mucho tiempo a su familia y hacerle caso a su hijo cuando le pidió que se quedara para vivir la División de Honor B, tiene el apoyo de su mujer y el de sus compañeros de trabajo, que “están locos con esta aventura”. Sabe que los exjugadores de rugby no existen, y le encanta: “siempre seguiré jugando, pero además apoyando en diferentes ámbitos, porque hace falta gente para que esto funcione, directivos, delegados, entrenadores, árbitros… y yo voy a estar ahí”. Ovación espontánea para Quintana en un bar, y lección de Quintana en el corro: “salir al campo sabiendo que podemos”.

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